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Introducción a la Religión Egipcia

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Sumérgete en las fascinantes creencias que moldearon el tejido de la antigua civilización egipcia, donde la religión trasciende el mero conjunto de creencias para convertirse en un complejo entramado de cultos y rituales.

En el corazón de esta cosmovisión se encuentra la adoración de dioses locales, entidades divinas que ejercían su influencia sobre cada aspecto de la vida cotidiana. Desde los destinos personales hasta las grandiosas conquistas de los faraones, todo estaba inextricablemente ligado a la voluntad de estos dioses.

La religión egipcia se desdobla en dos dimensiones distintas pero interconectadas. Por un lado, emerge la religión oficial, arraigada en los imponentes templos y santuarios que se erigían como pilares del poder estatal. Por otro lado, se vislumbra la religión del pueblo, más esquiva y difícil de comprender debido a la escasez de testimonios directos.

Los grandes dioses, que tanto favorecían las conquistas faraónicas como desataban plagas en momentos de insatisfacción divina, eran los mismos que tejían el hilo conductor de la vida egipcia. El faraón, considerado el sucesor directo de los dioses primigenios, actuaba como el vínculo entre estas dos vertientes religiosas, siendo el instrumento que aseguraba la continuidad del orden cósmico.

En este contexto, la preocupación fundamental de la clase religiosa no residía en la creación del mundo, sino en el mantenimiento del cosmos y su armonía. La estabilidad, más que el cómo se creó el mundo, era el mensaje fundamental que unificaba las diversas teorías y mitos presentes en la religión egipcia.

Resulta intrigante adentrarse en el concepto de orden cósmico que tanto inquietaba a los antiguos egipcios. Para ellos, la pérdida de este orden significaba sumirse en el caos primordial que marcó los albores del tiempo. Aunque las teorías sobre la creación del mundo variaban, todas convergían en la importancia de preservar la estabilidad.

El culto al sol, encabezado por el dios Ra, destaca como un elemento distintivo en la religión egipcia. Dada la abundante presencia del sol en la vida diaria, este culto se arraigó profundamente, llegando a considerar a Ra como el dios supremo y al faraón como su «hijo».

Además de los dioses principales, la religión egipcia incorporaba dioses menores y genios protectores del hogar, cuyas representaciones se materializaban en amuletos y objetos cotidianos. Estos elementos, a menudo enterrados con los difuntos, buscaban garantizar la protección en el Más Allá.

Explorar los templos egipcios implica despojarse de las concepciones modernas de culto. El acceso estaba vedado al pueblo, ya que los templos no eran lugares de adoración, sino las moradas sagradas de los dioses. Solo en ocasiones especiales, las imágenes divinas salían, pero siempre ocultas tras velos o urnas, fuera del alcance de las miradas comunes. El acceso al santuario, donde residía la esencia del dios, estaba reservado exclusivamente al faraón y a los selectos sacerdotes encargados de su custodia.

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